14 feb. 2011

Quémame, brujo.




La prueba de fuego, la verdadera, no era esa premonición piromaníaca tuya de un mundo en llamas. Todo se resume a esto. Ni fue un sueño lúcido ni un déjà vu (que a todo esto el único déjà vu que existió fue la percepción de ti mismo vista desde mi perspectiva).

La prueba de fuego se alzó entre los mares y evaporó toda lágrima que pretendía seguir el cauce natural de mis mejillas. Es cierto que la sequía es un mal necesario en estos días. Así como en su tiempo lo fue el diluvio.

Recuerdo que el soplido no es el viento, y que el viento jamás apoyaría la rebeldía del soplido que intenta extinguir la flama. Te recuerdo que tu boca no es el ventilador de los dioses y que tus palabras no son la llama eterna del paraíso, aunque quizás la manzana.

Esto es una prueba de fuego, que quema paladares y satisface cuerpos. Esto es a lo que yo llamo un reto y no un juego.

2 comentarios:

Bruno Valero dijo...

:D me gustó

El viajero dijo...

A quien no le gusta el fuego, sabemos que es peligroso pero lo hace más interesante, a veces su intenso calor se torna en el éxtasis, ardamos en fuego hasta que la llama de extinga