2 jul. 2010

Ocho




Un mondadientes por cada ojo
que se sirve en la copa fría del martini indecoroso,
que retira lo inservible, de su boca que bebe y vive ¡ven despojo!
adiós al aquí, adiós al ahora, un hola para el alcohol y me mojo.


Un ocho que no puede acostarse, porque sin sueños no quiere cansancio
culpa a su madre, su padre y su hermano, por prometerle descanso
por hacer de su noche un día soleado
y de su mundo ideal, un cielo con diablo.


Sólo él es el briago porque los demás han sido designados,
o eso es lo que desde siempre les han enseñado
le creyeron al siempre, condenados, se ahogarán en meados
los que intenten nadar se hundirán y los que no, serán santos.


El ocho orgulloso, lleva el tormento en su corazón de repuesto
y lanza rayos como Zéus antes de su divorcio
y grita, maldice, se vuelve vulgaridad por un momento
y el vulgo alza su puño, reclama su fe que es nada, por un momento.


Basta de utilizar el nombre de la bipolaridad en vano,
suficiente tiene con el trato humano,
se está feliz y se ríe o se está triste y se llora
o se está triste y se ríe, se está feliz y se enamora.


Déjenlo, que ustedes no le quieran no le impide verme
si somos amantes que amemos y amados seamos,
si les interesa saben donde encontrarnos,
mientras tanto, déjenlo, qué les importa que conmigo se acueste.