29 sept. 2010

Hoy noche




Cascadas de cera blanca.
Escurres desde la ventana hasta el pie de mi cama.
Te vuelves espejo debajo de mí, ya no sé si te sueño, si te vivo, si te muero.

No hay cielo que resista el color escarlata de tus lágrimas.
Sirve una copa con los frutos prohibidos.
En tu cara se escribe con acrílico y tinta china,
se usa óleo y carboncillo en la mía.

Que me consuma al compás del incienso
y penetre tus ropajes y todo tu cuerpo.



Partícula




Anoche me encontré atrapado por la luz, completamente inmovilizado.

Acostado, una fuente iluminaba por debajo, otra encima de mí esparcía sus fotones de la misma forma en que el padre libera a sus bellas hijas para poblar el Reino Fungi, y así los reyes le recompensen con leche, huevos, pan y vino.

Ni siquiera pude cerrar los ojos. Brillante bastardo del Sol, que cegaste a tus discípulos con cada eclipse artificial, y que hipnotizaste a mujeres y niños para que adorasen tu imagen.

Las venas se recubrieron de cobre, alambrado sensible e infame. El techo se volvió líquido y nadé viendo el fondo del Oceáno Índico. El Niño Gato dejó de serlo para convertirse en el Hombre Tigre. Todo eso mientras yo seguía acostado.

Anoche me encontré atrapado por la luz, completamente inmovilizado... No pedí que la extinguieran, me unifiqué con ella.

26 sept. 2010

Vuelo




Había una vez una pluma, el ave de donde se desprendió no importa porque la pluma por sí misma generó un ave nueva, el misterio reside en que esa ave era totalmente desconocida para la ciencia de entonces, un niño la encontró y la cuidó. Cuando llegaron a estudiarla la enjaularon y el ave desapareció, pero quedó la pluma. El niño cogió la pluma y la puso en su frente, de ahí nació la misma ave... El niño anda por la vida con el ave, ésta le prometió alas, él le prometió amor.

21 sept. 2010

SEXO




¿Que por qué no hablo de sexo? ¿Qué quieres saber? Mi vida sexual ni es como la de un clérigo ni es como la de un gigoló. ¿Qué te interesa de mí? ¿Te excito? ¿Quieres que te coqueteé como sólo yo sé? ¿Un beso? ¿Una caricia en tus genitales? ¿Qué te interesa de mí? ¿Por qué no vienes y me lo dices al oído? Si tanto quieres saber.

Si tanto quieres saber deja de preguntar, sólo en ésto, sólo en mí y conmigo se rompe la regla y nace una nueva, que vengo gestando desde que dejé de ser casto, y tú dejaste de ser humano.

¿Que por qué no hablo de sexo? Para qué si es mejor sólo hacerlo.

De Entes




Cuando algo no me importa más, puedo expresarlo, inclusive si se trata de sentimientos. Creo que a todos nos sucede de manera similar. Dejamos de cargar Entes sobre los hombros, cuando sabemos que son más Nada que Todo, o que una Parte, o que sencillamente sabemos que no Son, ¿o dejan de Ser? ¡Cómo sea!

Y no sólo han sido estos hombros los que cargan Entes, también se cuelgan de mis párpados, agarrados de las pestañas a veces pretenden dejarme en las tinieblas, o por el contrario, se acurrucan en los rincones de las cuencas para que la luz queme los ojos que les desnudaron. Qué importa, aquí sigo cargando, como todos. Animales de carga.

Recuerdo la última vez, cuando intenté cargar a Uno que pesaba más que un pavo real, pero menos que un quetzal ¿Cómo es eso posible? preguntarán; pues así era. Es que le faltaba cola. Y ya cuando pude cargarlo se desvaneció y apareció -no mágicamente ¿o sí?- en los hombros de alguien más. Como siempre, ese peso de más en mi cuerpo suele lograr el equilibrio, y cuando aquel desapareció de mí, me fui de boca. Sólo un labio hinchado, una gota de sangre, y doce horas perdidas. Nada qué lamentar.

¿Qué podía hacer? Todo iba bien pero en diferente sintonía. Él sintonizó mi cama, yo sintonicé su corazón. Y extrañamente no me sentí halagado, a pesar de los piropos y gemidos, ni cuando me coronó su Amo, ni cuando encendió el cigarro y saboreé el humo de su boca y jalé su pelo rizado.

Este placer, que no es de sexo sino de sexos, que crece con las miradas y no con las camas, y que no se paga porque no se vende -no porque no quiere sino porque no le va-. No es el mismo placer del que imaginé aprender cuando observaba atento a mis mayores y escuchaba sus hazañas, sus triunfos y sus acostadas.

Los labios pierden sabor mientras más los besas y menos los conoces. Y con una sola vez basta para saber si no te importa que se vuelvan insípidos. Mis labios crecen, son engreídos, se crean fama con sacrificios literarios: traiciona a tus palabras y bésame.

Tal es así que ahora mismo pienso en esos cuerpos danzando al Dios de la Perdición, y yo ahí, entrando glorioso como su Salvador, armado de letras bellas y engañosas, miradas sigilosas, movimientos impúdicos de ondas magnéticas. Polos opuestos se atraen y fornican, polos iguales no existen, pues si son polos, son distintos.

Venga Señor tu voluntad, así en la Tierra como en el Sueño.