8 ene. 2013

Impulsos Que Te Llevan A Saltar Hacia El Vacío



Impulsos que te llevan a saltar hacia el vacío. Mientras caes boca abajo, observas cómo la oscuridad comienza a ceder ante la lejana luz solar, y cómo lo que creías que era nada en su más puro estado se transforma en rocas volcánicas; pues todos sabemos que la nada puede generar materia a partir de sí misma, y darle la forma que más le convenga.

Cierras los ojos mientras continúas coqueteando con la gravedad; es una pena y una magnífica ironía que no haya impulsos que impidan tu caída. Sientes el viento correr hacia el lado contrario, huyendo del centro de la Tierra, en donde nada tiene que hacer pues no hay fuego al cual excitar ni agua a la cual acariciar. Ves todo más claro con los ojos cerrados.

Te cuestionas lo mismo de siempre, pero esta vez es en serio porque después de que toques el suelo no habrá manera de saber si te fundiste en él o pasaste de este plano de existencia a otro, uno más romántico y menos trágico, como lo que has estado buscando. Dudas de ti porque no te conoces, porque ese ser humano que ves todos los días frente al espejo es un borrador, un trazo por cada contacto. Nunca es tarde para un autorretrato. 

Estás cada vez más cerca. Aunque sientas que vuelas, no te fíes de las sensaciones en situaciones de vida o muerte. Y por muerte entiende una puerta que se abre hacia una habitación en la que hay otra puerta que se abre hacia otra habitación, y así infinitamente. No abras puertas sin antes tocar.

Caes. Despiertas. No sabes en dónde estás pero sabes quién eres. Tu consciencia parpadea y se quita las estalactitas de cristal que tenía como lagañas, después de permanecer dormida por muchos eones. Bienvenido a tu centro. 



6 ene. 2013

Límites Del Antiguo Imaginario Para El Idealista Contemporáneo



Límites del antiguo imaginario para el idealista contemporáneoTodo tipo de ellos: De lunas, de soles, de husos horarios; de mareas, de amores, de recuerdos prestados.

Muros invisibles que se construyen por sí mismos, de arriba hacia abajo, silentes y nostálgicos. Que te encierran y te castigan, porque eres masoquista pero sobre todo humanista.

Neuronas sádicas que se cogen de las dendritas para formar una entidad consciente que pueda desprenderse de tu cabeza inerte. 

Círculos de fuego que no alumbran, que sólo saben quemar y dar vueltas. Te rodean. Te intimidan. Te marean.

Dale un nombre a cada límite. Escríbelos en tu frente. Recuéstate en un parque. Coloca migajas de pan sobre tu frente. Deja que las aves destruyan tus límites y que vuelen de vuelta a sus nidos para contarle a sus hijos cómo liberaron a un hombre acechado por demonios y guardias inexistentes, en una prisión invisible.