26 feb. 2011

Cómo instalar ojos en espaldas ajenas y no quedar ciego en el intento.




Instalé un ojo en tu espalda, lo conecté mediante una simple red de diminutas venas que encontré tiradas en las afueras de una cantina y que por fortuna aún servían; la roja con la azul y la azul con la roja, no requiere lógica sino de intuición.

Toda imagen es visualizada en el plasma de mi mano; la resolución es básica: rojo para lo que desprende calor, blanco para lo que muestra ausencia de calor (que también puede interpretarse como presencia o ausencia de amor, pero eso requiere un curso intensivo que no se imparte en cualquier lugar).

Píxeles dactilares que hasta hace no mucho sólo podían interpretar las gitanas. No fue difícil conseguir un mecanismo de visión a distancia pues todos tenemos uno integrado, basta con encontrarlo y reprogramarlo; eso fue lo que hice y ahora puedo observar desde la comodidad de mi cuerpo. Cuando hay interferencia en la señal y el ruido se apodera de la imagen solamente cierro los ojos y enfoco hacia adentro, cuando no percibo movimiento sé que se ha restablecido la recepción óptica y continúo disfrutando del mundo a tus espaldas.

Veo tu pasado, veo todo lo que tú ya no ves, todo aquello que te dice adiós cuando pasas. ¿A quién le importan mis motivos? ¡He instalado un ojo en tu espalda sin que te percates de ello! Y si ahora te lo estoy diciendo es porque de cualquier forma nunca te enterarás de que lo portas. Tengo todas las grabaciones y las he clasificado en orden alfaberótico, así puedo saber cuánto amor has dejado atrás y realizar las estadísticas correspondientes con gráficas circulares y de barras. Piensa que esto es más un estudio que una acción de espionaje porque de verdad estoy preparando hasta el mínimo dato para, en un lapso no mayor de un año, dar a conocer mi hipótesis sobre el "Retraso Sentimental", que ya he mencionado en textos anteriores.

Ahora que recuerdo, dejé un par de ojos más en otros como tú; otras espaldas que, cuando las tocaba, clamaban por ser mi conejillo de indias, o sólo ratas, para que me entiendas. Sólo que de esos especímenes no continúo grabando las imágenes, ya tuve suficiente; tan predecible me resultó su pasado que pude predecir su futuro.

¿No es maravilloso cómo hasta la pestaña que cae y se pierde en la alfombra puede dar vida a un ojo?

Dicen que recurres al instructivo hasta que has arruinado el objeto. Pero si a mí no me dieron uno para instalar dichos ojos (y dudo que exista) ¿puedo decir que he arruinado nada y que todo he generado?

Hace días (o semanas, si cuento como se debe) que no recibo imagen desde tu espalda, apuesto a que estás vistiendo de negro últimamente, y con esto me refiero a que llevas el luto de no verme hasta en tu ropa; no me preocupa pues ya estoy desarrollando la biotecnología necesaria para que nada me impida ver a-trá(s)-vés de ti.

Por ahora es todo, esto tiene tintes introductorios así que lo tomaré de esa manera. Como nota para mí, debo dejar de redactar en segunda persona. Esto sin duda no va dirigido a ti, a todos menos a ti...





2 comentarios:

ettorillo dijo...

Desde que te leí he admirado la forma en que tejes y entretejes los conceptos con las emociones, las ideas con las imágenes, el realismo con el surrealismo.
Pero justo el concepto que acabas de crear me parece más que mágico, genial y real.
Esta vez tu fantasía se hace necesaria en mi realidad y quisiera comprarte el gadget, que aunque práctico y necesario, me impone un poco la flagelación que puede conllevar.
Quizá en un sueño adopte tu tecnología... y si tengo el valor despierte ya alterado con esa tu propuesta biónica.

El viajero dijo...

Tienes miedo de ver que hay detrás de mi, yo lo sé, sueles parecer muy seguro, pero en el fondo hay oscuridad, en cual te escondes, prefieres la barrera y explorar a tu ritmo a ser explorado, no te gusta la incertidumbre, no tener el control se hace sentir desprotegido. Ahora gustas de mirar de lejos que verlo conmigo.