25 feb. 2011

Desde las alturas II




Mejor un sueño efímero que una pesadilla eterna.

Anoche la Luna paría lunáticos. Los recién nacidos son más lindos que los adultos, que se vuelven histéricos y necios. ¿Recuerdas cuándo éramos dos infantes lunáticos? Yo casi no.

Un grupo de seres extranjeros comenzaron a tocar sus raros instrumentos alrededor del fuego verde que encendí. Tuve que quemar los libros que me regalaste y que accidentalmente manché con Absinthe; de ahí el color de la flama, como la dubitativa esmeralda.

Todos nos reunimos para contar historias del Viejo Mundo y sobre las entidades que se quedaron en el camino, como tú. Cuando comencé a hablar de ti todos me veían extrañados; no habían visto a alguien llorar desde El Renacer, aunque mi llanto se asemejaba más al rocío matutino que al diluvio intempestivo. Unos ni siquiera sabían por qué brotaba agua de mis ojos pues el único antecedente que tenían de algo así eran las principales fuentes decorativas de las ciudades terrestres, que alguna vez vieron en fotografías. Desde ese momento comenzaron a llamarme "Fuente".

Al final coincidimos en que esas historias parecían sueños mal contados porque sinceramente no las recordamos con exactitud; porque aquí el ayer no es un ente a la ofensiva sino un ser pacifista.

Fue una buena noche, esos sonidos extraños se introdujeron en mis canales auditivos y viajaron a su velocidad máxima por todo mi cuerpo. Cuando menos lo pensé las venas saltadas de mis manos estaban danzando; mis pestañas no eran seducidas por el viento sino por la música; mis ojos no se cerraron por sueño, era el reflejo ante la explosión sónica que amenazaba con coronar mi sentido del oído por encima de los otros cinco.

No te he contado mucho sobre este lugar, no te daré detalles porque aún tengo la esperanza de que vengas. Me dijeron que existe un pavo real enorme, del tamaño de un elefante, y que no solamente puede volar y volverse invisible sino que también transporta seres a otros planos, a otras conciencias, a otras alturas; claro, de manera ilegal (aunque eso sólo allí abajo, aquí no existen leyes). Si existe esa ave criminal y logro dar con ella, le pediré que te cubra con sus plumas y te traiga conmigo... Aunque toda idea mía que te involucra parece la más simple y resulta la más compleja.



1 comentario:

El viajero dijo...

Perfecto mi viajero, vas comprendiendo que los sueños son parte de nuestro subconsciente y deseos sublimes que esperan a ser cumplidos.