17 nov. 2008

Quiero ser omnipresente

¿Habrá de resultar ofensivo para el Creador que envidie de cierta forma su omnipresencia? Porque estoy seguro que no hay nada en mí que pueda envidiar pues lo tiene todo.


Quizá si se lo pido me lo conceda, aunque supongo que su decisión estará basada en la finalidad de mi petición, y es que, ¿para qué más querría un ser humano la omnipresencia si no es para atender sus deseos carnales? Esos deseos tan bajos en la escala ya de por sí insignificante que es el mundo material. Si como condición para aceptar mi solicitud me impusiese hacerme cargo de los Universos en sus distintos estratos, supervisarlos y mantener el equilibrio entre sus mundos y seres definitivamente lo dudaría, pero al final toda condición debe ser tomada puesto que si el anhelo es verdadero no existe obstáculo para consumarlo. Vaya, en otras palabras, si Dios quisiese descansar de la eternidad y me pidiese sustituirle, aceptaría. Pero sólo por la omnipresencia.


O mejor aún, podríamos intercambiar roles. Que Él sea el alma cautiva en una máquina de forma caprichosa, que nazca, crezca, se reproduzca, enferme y muera, no sin antes enamorarse y volverse un demente a causa de ello. Que yo por mi parte sea el Eterno Ser que todo lo ve y todo lo tiene, que es sin dejar de ser y que seguirá siendo pues no habrá final.


Quizá lo que verdaderamente le resulte ofensivo es mi cinismo al concluir que ser humano me es tan placentero que no podría dejar de serlo o ser algo más. Y si con esto me condeno al círculo de la materialidad, ese que señala la interminable reencarnación en una misma forma de vida, condenado pues: he de ser humano.

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