28 nov. 2008

Hazme saber...

Hazme saber si tengo que esperar, si debo preparar un té de paciencia para tomarlo cada vez que me encuentre al borde de la demencia si no es que ya he caído en ese abismo sin ser consciente de ello. No me hables del porvenir si tienes el placer de conocerlo, mucho menos si eres responsable de su puntual arribo a los andenes de este microcosmos.


No intentaré descubrir la semilla que dio vida al árbol estelar porque sus frutos al madurar poseen la misma forma que un signo de interrogación cuando su Naturaleza les alienta a exclamar. Así que no tienes motivo para tejer telarañas, en lugar de eso construye puentes pues las corrientes que arrastran mis palabras habrán de arrasar esos hilos tenues una y otra vez hasta que desistas y evoluciones.


¿Qué unidad mide la espera? Puede que sea el vulgar segundo tan sobrevaluado en un mundo cuyos habitantes hacen de sus mecánicos gobernantes unos completos tiranos. Puede que sean los fragmentos de realidad alterna cuando cada noche de luna llena revelan secretos de la presuntamente realidad verdadera. Puede que sea el parpadeo del cíclope herido por la flecha del olvido cuando, de manera accidental, la soltaste aprendiendo a tirar. O puede que sean las gotas de rocío quienes midan la posible espera.


Hazme saber si tengo que esperar sin decirme qué tengo que esperar.

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