24 oct. 2008

La lechuza me habla...

(¡"No sé cuántas chupadas se necesitan pa' llegar al centro de una tutsipop! ¡SOY UN TECOLOTL MAYA!")

La lechuza me habla sin hablar, y lo que le escucho decir realmente no lo escucho. Es porque se comunica con la mente, una mente nada inferior a mi mente, por lo que entiendo sin problemas lo que pretende decirme. Si hay algo en particular que no me agrada del todo es que la velocidad con la que piensa y por tanto la velocidad con la que se expresa ¡es muy rápida!; apenas si logro separar una palabra de otra, una oración de otra, una idea de otra. Supongo que no puede evitarlo pues debe tener tanta información retenida en ese pequeño espacio que necesita renovarla constantemente para que no se estanque o se pierda en el trayecto al receptor.

¡No sabía que las lechuzas pudiesen interpretar los sueños ni conocer lo que cualquiera esté pensando! Me entero apenas de eso porque me dice que le parece divertido cómo me expreso de su rápida manera de comunicarse, me dice también que tratará de moderarse para que no tenga yo complicación en captar a totalidad. Eso me tranquiliza, que sea considerada conmigo, como supongo lo es con todo aquél que se cruza con ella; y es que afortunadamente no ha sido corrompida por las garras de la superficialidad ni la falta de consciencia que portan por lo general los humanos que, sin piedad y sin temor a la gran madre, asesinan a los árboles. Esos ancianos que según me cuenta la lechuza, tanto han hecho por ella y por los suyos, y por todos los seres que habitan esa tierra; desde el cobijo hasta el alimento, incluyendo también como beneficiarios a sus propios asesinos.

Me explica la relación que tiene mi sueño de ayer con la realidad de mi presente, aunque para ser honesto no recuerdo a detalle lo que soñé, lo cual es normal según me dice. Lo que ella hace es ahondar en la inmensidad de mi mente, volar a través de kilómetros y kilómetros de diversos terrenos: montañas, lagos, ríos, pastizales, desiertos, océanos, estrellas, planetas, incluso universos completos; todo para llegar al lugar donde los sueños se reúnen, como un gran banco de peces que encuentran al fin donde habrán de recomenzar su ciclo. Ahí están todos y cada uno de los sueños, desde el primero hasta el más reciente, los hay duraderos o imperceptibles, agradables o molestos, aquellos que prevén una bendición o por el contrario una maldición, los que están saturados de imágenes e instantes sin sentido aparente, los que no resultan nada coherentes, los que se confunden con la realidad, los buenos y los malos. Es donde ha llegado la lechuza, y ha encontrado tal lugar de una forma tan fácil que podría pensar que ha estado ahí con anterioridad. Me dice que no está segura del por qué llega hacia los sueños tan fácilmente, que no es gracias a la práctica pues no lo hace muy a menudo, ni nada tiene que ver con el empirismo; dice que lo más viable a considerar es que sencillamente pueda tener alguna especie de unión o sensibilidad hacia los sueños. Como sea, ahí está posicionada sobre esa gruesa rama, adentrándose en mi mente, conociendo mis sueños, mis temores, mis alegrías y mis anhelos. Puedo impedir que se de tal regocijo entre mis adentros, pero he sido yo quien le ha pedido se interne en ellos.

Me insiste para que le hable sobre mi corazón, cómo se comporta, cómo es que le trato, si sigo sus consejos o le limito a que cumpla solamente con su trabajo. Hay quienes dicen y aseveran que el corazón es nada más que una metáfora; que la mente es mente y corazón, ¡hasta incluyen al alma en su afirmación!, pero todo eso no es verdad, o al menos no lo es para mí. Porque si la mente y el corazón compartiesen el mismo hogar, esta bella lechuza no tendría motivo para preguntarme sobre él, pues sencillo le resultaría adentrarse en mi cabeza y ahí enterarse de mi amor y mis sentimientos. Ahora, si yo traslado la información del corazón hacia mis pensamientos, hacia mi cabeza, para procesarlos y así compartirlos con la lechuza, en esa situación sí puede ella enterarse de lo que habita en mi motor, de otra forma le es imposible conocer los secretos de mi corazón. Sabe que estoy dudando en mi decisión, sin embargo le hablaré de todo lo que quiera conocer, porque ha sido muy buena conmigo, y respetuosa sobre todo.

Agradece la confianza que le tengo, pero ¡qué va! Se la ha ganado. Pregunta sobre el comportamiento de mi corazón. Dice que ha conocido pocos humanos y de entre ellos sólo un par ha querido conversar sobre sus sentimientos, pero que a pesar de eso se ha dado cuenta de que cada corazón es distinto y le interesa conocer la forma en que actúa cada cual. Ahora yo le contesto haciendo que la respuesta que se encuentra en mi corazón se convierta en una idea, para que así pueda asimilarla. Básicamente le respondo que mi corazón es muy impulsivo (¿no es acaso esa su naturaleza?), que es testarudo y aferrado en ocasiones y en otras tantas muy comprensivo, relajado, aventurero pero tímido, tanto puede ser completamente honesto como puede hacer uso de la mentira; y cuando llega a ser visitado por algún viajero que le trata con calidez, se convierte en el mejor de los anfitriones y le es leal hasta el final.

Se ríe de mis palabras, no en tono de burla sino con gracia. Según ella porque descubrió con lo que le dije, que mi mente y mi corazón están sincronizados, que de la misma manera en la que siento es la manera en la que pienso y por tanto, actúo. Y sí, no he de negarlo, pero no siempre es así, tanto mi mente como mi corazón son independientes, y el hecho de que coincidan en ciertos aspectos es perfectamente entendible pues al final eso significa que, como todos, tengo una esencia única.

Está alegre por la afinidad que ha nacido entre nosotros, y es que ambos somos seres nocturnos, ella caza por las noches bajo la luz de la luna, y yo por mi parte hago que esa luz ilumine mi ser y así inspirarme para escribir lo que escribo. Ella perfecciona cada noche sus técnicas de caza y yo pulo mis métodos de redacción (los cuales no son en sí métodos pues sigo como siempre los consejos de mi corazón y una que otra recomendación de mi mente). Ella reflexiona y medita cada vez que el sol se marcha, y yo hago lo mismo; pienso, imagino, filosofo; creo situaciones, mundos, criaturas, ¡hasta me comunico telepáticamente con una lechuza!

1 comentario:

Zucy Pop™ dijo...

Luegoo leo tu blogg jojo veo muxas letras y ahora no tengo time
ya sabes, las labores XD Comment rapido acerca de él: me dejó ciega XD Te amo tonto!