16 nov. 2010

RE/GEN/ERRAR





10-Nov-10


Vengan por mí sólo una noche, si puede ser ésta qué mejor. Llévenme veintidos años atrás.

Fechas, tiempo. Aún tenemos esperanza, no somos (aún) productos inertes en repisas de supermercado pues estos tienen fecha de producción y fecha de caducidad, nosotros sólo tenemos la primera, a menos que la otra esté impresa en un lugar que no podamos ver, como el Alma, dondequiera que esté.

Quiero ir más allá, por eso es que me dirijo a Ustedes. Yo sé cuándo percibí por primera vez el calor de la luz, el calor del Ser, y el calor de nacer. Pero no es suficiente pues no estoy conforme con tener un dato, una fecha, un lugar como único recuerdo de tan maravilloso momento. Quiero revivirlo como si hubiese sido ayer, con plena consciencia de mí y de este Carlos que ahora les escribe.

La memoria no se vengaría de nosotros si tuviese un registro palpable de esos instantes, que en ocasiones se asoman vestidos de surreales imágenes mediante películas oníricas aparentemente ilógicas. La memoria cósmica debería expandirse, derribar los límites terrenales sin temor a represalias y penetrar en la consciencia individual para proyectar dentro de sí el filme más bello jamás creado.

Y todavía ir más allá de ese aterrador primer contacto con la realidad material, quiero ir al punto exacto en el que fui concebido.

Brillante Semilla Sagrada que viaja gracias al poder del Amor, en busca de su Yo faltante, su complemento, su amante. Ya juntas emprenden, ahora como Una, un nuevo viaje por el camino correcto, pues cuando eran dos andaban errantes, hechas la Unidad no hay forma de equivocarse, la fusión de pequeñas venas, arbitrarias y adolescentes creó una gran y única arteria por donde ha de transitar.

Se detiene en el vientre de la Luna para crecer, pues sólo ella tiene la fuerza para protegerlo y la sensibilidad para humanizarlo. Ahí descansa, flotando en un mar de paz, sin saber que le espera el oceáno, o por el contrario, el calor sofocante del fuego, es su elección: aprender a nadar como el delfín o aprender a volar como el fénix.

3 comentarios:

tania dijo...

Hola

Mi nombre es Tania y soy administradora de un directorio de webs/blogs. Me ha gustado mucho tu blog. Quisiera intercambiar enlaces. Puedo agregar tu blog en mi directorio para que así mis visitantes puedan visitarlo tambien.

Si te interesa, escribeme al mail:
tajuancha@gmail.com

Saludos
Tania

TxemaFinwë dijo...

La fecha de caducidad puede ser la pérdida completa de curiosidad. Momento en el cual ya te conviertes en un ser vegetal, sin interacción más allá de lo que hayas aprendido hasta ese entonces. Es la muerte en vida. El comienzo del infierno griego: el tedio.

La mente no es tan cruel como recordar traumas como el que supone nacer. Casi mejor que sea así. Si fuera una experiencia maravillosa seríamos como ciegos que algún día vieron colores pero ya no pueden ver nada. Si fuera una experiencia dolorosa, viviríamos siempre con la herida del dolor del contacto con el mundo real. Más aún.
Casi mejor que sea como es.

Quizás es que sea demasiado práctico, pero las interacciones de orden bioquímico no me acaban de interesar. Hay espermatozoides lelos, y otros no tanto. Al menos a ti te tocó que el inteligente fuera el veloz.

Todos somos Fénix, al menos al nacer. Todos deseamos perdurar y transcender de algún modo la limitación del tiempo. Quemarse y volver a nacer en calor, en vida.

--
Txema

El viajero dijo...

Mi estimado viajero,

Si supieramos la fecha final simplemente sería el origén del caos, el mundo no está preparado para la fecha de un fin, lamentablemente es tan ignorante que en vez de esperar el final con paz y amor, sólo les causaria desesperación y mucha angustía.

Sólo usted y yo seriamos de los pocos que esperarian sentados contemplado la luna, con copa de vino en mano y escuchando la melodia que nos recordaría lo magnifica que fue la vida.

Saludos