26 mar. 2009

El día en que el Sol



El día en que el Sol decida apagar su luz y rendirse ante la mirada inquisidora de las sombras será recordado hasta el momento en que el mismo Sol cansado ya, decida terminar con su propia vida.

Merece que esas palabras vacías lleguen hasta su núcleo. Expuestas pero inmunes a la toxicidad de sus gases. Lo que está mal es su permanencia, con su intención escondida cubierta con un manto de mala ortografía. Su verdadera naturaleza parasítica y no lo que en un principio parecían, palabras simbiontes.

¡Palabras, palabras y más palabras! No sólo por ellas padece, no sólo para ellas grita. Hay más ahí afuera. Cada ligero movimiento que el dedo índice lleva a cabo es una prueba que se archiva en los expedientes exclusivos de la memoria cósmica. ¿Qué hay de las miradas? ¿Se cree el Sol capaz de ganar si se enfrenta a cada uno de esos brillantes ojos? Él es el sol, no es el brillo, los ojos son globos cuya superficie de vidrio corta cualquier rayo en su camino, y a su paso va sembrando nuevos críos como un macho fértil. Quizá ese sea uno de los motivos para que el Sol apague su luz.

Lo que da vueltas dentro de su propia órbita no sabe que puede seguir otras, que debe seguir otras o que quizás debe dar vida a una nueva. Sin embargo sigue girando porque es lo único que sabe hacer y de lo único de lo que le hablaron cuando era pequeño. ¿Cómo aprender lo que se debe hacer antes de colapsar de nuevo o ser abducido por un agujero negro?

Hay un hilo conductor que atraviesa el centro de los cuerpos, lo recorre en cada parte de sus adentros y para colmo sale limpio: sin plasma ni fluidos que delaten su intromisión. Es parecido al mismo hilo del que penden las sonrisas. Esas resignadas a vivir colgadas, pero no son reales.

El Sol sigue siendo el centro de todo, o al menos de su Sistema. Su ego no puede ser más grande porque rebasaría los límites de la galaxia y lo descubrirían. Por eso está pensando cuál de los extremos es mejor compañero.

Yo por mi parte evito hacer juicios, porque no hay nadie a quien pueda condenar y por el contrario seré señalado como culpable de haber cometido actos innombrables. Sólo me dedico a ser un espectador.

A veces, cuando siento que no hay nada qué decir, me quedo en silencio y permito a mi mente hablar por mí. Es conveniente porque nadie puede escucharla, pero resulta por igual dañino porque soy el único receptor de sus mensajes y como tal tengo que decodificar y asimilar su contenido; como si no fuese suficiente ser el oído en el que deposita todo su auxilio.

Como he dicho, hay un hilo conductor que atraviesa cada cuerpo, cada pensamiento, cada recuerdo y cada sentimiento. Nada es aleatorio, porque hasta el mismo azar complace al destino para evitar una venganza prometida. Todo tiene sentido, quizás no sea tan perceptible como cuando el Sol apaga su luz, pero cuando la obscuridad llega se vuelve totalmente visible.

3 comentarios:

Mysterious_&_Strange dijo...

Mmm... No lo sè!!!

Crees que todo este predestinado...

Es algo incierto... muchas cosas no salen de orbita, pero pueden modificarla o no?

Mmm...me hiciste pensar mucho con este texto...

En fin, hace mucho frio por aqui... :P

Carlos Fernando dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos Fernando dijo...
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